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Planea tu carrera 2027 antes de que se cierre el presupuesto

Imagen de KamranAydinov en Magnific

Por Candy Flores Gracia | Candy FG ¡Cuestiónalo todo!


Cada enero compro una libreta bonita. Bonita de verdad, de esas que te dan ganas de escribir con letra cuidadosa y tres colores de plumón. Mi sueño siempre ha sido ser la niña de los plumones: la que tiene su diario perfecto, con títulos decorados, calcomanías y una página por mes llena de flechitas de colores. ¿Y saben cuántos años he logrado terminar enero? Ninguno. Tengo un cajón lleno de libretas que empiezan muy emocionadas y se quedan calladitas para siempre alrededor del día 17.

Lo que sí hago, y llevo años haciéndolo, es mucho menos fotogénico. Al cierre del año me siento con una lista. Escribo qué quiero lograr el año siguiente, sobre todo qué habilidades nuevas quiero desarrollar, y en cuanto tengo la lista, le pongo fechas. Sin colores, sin calcomanías. Y eso sí funciona.

Les cuento esto porque estamos justo en ese momento del año, ¿no? El cuarto trimestre. Y la mayoría de las organizaciones cierran sus presupuestos entre octubre y noviembre. Mientras nosotras pensamos «en enero me organizo», en alguna sala de juntas ya se está decidiendo quién va al congreso, quién toma la certificación, quién lidera el proyecto nuevo y a quién le toca lo que sobre. Si llegamos en enero con nuestro plan, llegamos cuando la mesa ya se sirvió y también se recogió.

Así que este artículo trae tres cosas: una auditoría honesta de tu año, un plan para 2027 que sí puedas cumplir, y la forma de llevarlo a tu organización mientras todavía hay dinero, tiempo y proyectos por repartir.

Primero, quitémonos de encima el mito de la ambición

Seguro has escuchado alguna versión de esta idea: «las mujeres no ascienden porque no quieren», «es que ya no les interesa crecer», «es que llegando los hijos cambian de prioridades». Pues fíjate lo que encontró Boston Consulting Group cuando lo midió. Al inicio de la carrera, mujeres y hombres tienen prácticamente la misma ambición. Y en empresas donde el personal percibe que la equidad de género está avanzando, 85% de las mujeres de 30 a 40 años buscan un ascenso, frente a 87% de los hombres. Casi idéntico. La brecha aparece en las empresas rezagadas en equidad: ahí solo 66% de las mujeres buscan ascender, frente a 83% de los hombres (Abouzahr et al., 2017). Y las mujeres con hijos y sin hijos mostraron niveles de ambición casi iguales a lo largo del tiempo.

El reporte Women in the Workplace 2025 de McKinsey y LeanIn.Org encontró por primera vez una brecha en el deseo de ascender, sobre todo en los primeros niveles. Pero el mismo reporte explica por qué: cuando las mujeres reciben el mismo apoyo de carrera que los hombres, de parte de sus jefaturas y de colegas con más experiencia, la brecha desaparece en todos los niveles (Krivkovich et al., 2025).

Lo que los datos nos dicen, entonces, es que la ambición responde al entorno. Se riega o se seca. Y por eso un plan de carrera escrito, comunicado y negociado sirve para algo más que organizarte: es una forma de proteger tu ambición de un entorno que a veces no la riega.

La auditoría honesta: tres preguntas antes de planear nada

Antes de escribir una sola meta para 2027, toca mirar 2026 de frente. Te propongo tres preguntas. Respóndelas por escrito, en la libreta bonita, en una nota del celular o en una servilleta. La herramienta da igual.

1. ¿Qué logré y cómo lo mido?

Si llevas tu bitácora desde que hablamos de cómo documentar tus logros, esta parte es pan comido: abre la carpeta y cuenta. Si preparaste tu evaluación con el sistema que vimos en tu evaluación de desempeño como negociación de carrera, ya tienes medio trabajo hecho. Y si no llevas nada, no pasa nada: revisa tu calendario, tus correos enviados y tus entregables de los últimos doce meses. Escribe cada logro con un número al lado: cuánto tiempo ahorraste, cuánto dinero generaste o cuidaste, a cuántas personas impactaste, qué problema dejó de existir gracias a ti.

2. ¿Qué no moví y por qué?

Esta es la pregunta que más nos cuesta, porque se siente como confesar un pecado. Durante años a mí me pasaba lo mismo: me ponía metas irreales, con plazos imposibles, y cuando llegaba la fecha me daba cuenta de que ni siquiera había empezado. Ni siquiera. La meta seguía ahí, intacta, mirándome feo.

Lo que me ayudó fue dejar de verlo como fracaso y empezar a preguntarme por qué no se movió. Casi siempre cae en alguna de estas razones: la meta estaba mal dimensionada (era enorme para el tiempo disponible), me faltó un recurso (dinero, tiempo, apoyo, información), cambió la prioridad a medio año, o la meta nunca fue mía, la adopté porque «se supone que» debía quererla. Cada razón tiene una solución distinta, y saber cuál fue te ahorra repetir el mismo error en 2027.

3. ¿Qué sigo cargando que no me corresponde?

Las tareas que heredaste «mientras contratan a alguien» y ya cumplieron dos años. La organización de los cumpleaños. El reporte que nadie lee. El rol de traductora emocional del equipo. Ya hablamos de esto a fondo en cómo decir no a la carga mental de la oficina, pero en la auditoría de fin de año tiene un propósito muy concreto: todo lo que cargas sin que te corresponda le quita horas al plan que estás por escribir. Haz la lista completa. En la parte de negociación la vamos a usar.

Plan de carrera y plan de desarrollo: el destino y el camino

Aquí hay una confusión muy común, y yo también caí en ella. Muchas veces decimos «plan de carrera» cuando en realidad tenemos una lista de cursos, o decimos «quiero crecer» sin saber hacia dónde.

El plan de carrera es el destino: dónde quieres estar en uno, tres o cinco años. Qué rol, qué alcance, qué tipo de trabajo, qué ingreso, qué vida alrededor de ese trabajo. El plan de desarrollo es el camino: qué habilidades y qué experiencias necesitas para llegar ahí, y cómo las vas a conseguir este año.

Si solo tienes plan de carrera, tienes un deseo bonito sin ruta. Si solo tienes plan de desarrollo, acumulas cursos y diplomas sin saber para qué. Necesitas los dos.

Y ojo con algo que la investigación deja muy clara: el desarrollo que más mueve una carrera viene de las experiencias. Catalyst siguió las carreras de más de 1,600 profesionales de alto potencial, y 62% dijo que lo que más impulsó su carrera fueron los proyectos retadores y de alta visibilidad. Las mujeres recibieron menos de esos proyectos. Incluso después de pasar por un programa formal de liderazgo, ellas tuvieron menos probabilidad que ellos de recibir una asignación internacional (14% frente a 23%) o de asumir por primera vez un área con resultados financieros propios (7% frente a 13%) (Silva et al., 2012, como se citó en The Glass Hammer, 2012).

Traducido a tu plan de desarrollo: además de «tomar el diplomado», escribe «liderar un proyecto con presupuesto propio», «presentar resultados ante dirección» o «coordinar un equipo de otra área». Las experiencias también se piden.

Ahora, a mí me ha funcionado una combinación muy particular, y se las comparto por si les sirve. Con la tecnología cambiando tan rápido, muchas de mis habilidades las desarrollo haciendo, en el día a día, aprendiendo sobre la marcha. Pero yo amo entender de dónde vienen las cosas. Entonces, a veces, aunque ya sé hacer algo, tomo un curso para entender la teoría detrás de lo que ya hice. Primero la práctica, luego el porqué. Al revés de como nos enseñaron en la escuela, y para mí funciona mejor.

Y mi plan de desarrollo siempre incluye dos cosas que no son para el trabajo. Hace años entendí que si entreno mi mente mientras me hago mayor, voy a llegar a la vejez más sana y más independiente. Así que cada año me propongo aprender algo que requiera destreza física (patinar, tocar el bajo, jugar tocho) y desarrollar alguna habilidad nueva que no necesariamente tenga que ver con mi trabajo. De hecho, así nació todo este proyecto que estás leyendo. Una de esas metas «que no eran para el trabajo» terminó convirtiéndose en esto.

Escríbelo (y desconfía del estudio de Harvard)

Seguro te han contado la historia: una generación de Harvard (o de Yale, según quién la cuente) respondió si tenía metas escritas. Solo 3% las tenía, y años después ese 3% ganaba más que todo el resto junto. Precioso, ¿no? Pues ese estudio nunca existió. La biblioteca de Harvard lo califica como leyenda urbana: nunca han encontrado esa investigación, y en las bibliotecas de Yale tampoco hay rastro de ella (Harvard Library, s.f.). ¡Cuestiónalo todo, incluso las historias que nos motivan!

Lo bueno es que sí hay evidencia real, y apunta en la misma dirección. Gail Matthews, psicóloga de la Universidad Dominicana de California, reclutó a 267 profesionales de distintos países para estudiar cómo cumplían sus metas. Más del 70% de quienes las escribieron y mandaron avances semanales a una amistad reportaron haberlas cumplido o llevar más de la mitad, frente a 35% de quienes las guardaron en la cabeza sin escribirlas (Matthews, 2015, como se citó en Dominican University of California, 2016). Es un estudio pequeño y presentado en conferencia, así que tómalo como pista, no como ley.

La evidencia más sólida viene de un metaanálisis de 94 estudios sobre las llamadas intenciones de implementación, que son planes con formato «si pasa X, entonces hago Y». Las personas que planean así cumplen sus metas mucho más que las que solo declaran la intención (Gollwitzer y Sheeran, 2006). Por ejemplo: «si es martes a las 7 de la mañana, estudio media hora del curso de análisis de datos» funciona mucho mejor que «este año aprendo análisis de datos».

Esto conecta con lo que a mí me cambió todo. Después de años de metas gigantes que nunca empezaba, ahora divido todo en pasitos pequeños. Pasitos que puedo revisar si los alcancé o no. Y si no los alcancé, en lugar de abandonar la meta completa, reajusto todo lo demás: muevo fechas, quito algo, pido ayuda. El plan se vuelve algo vivo que se corrige sobre la marcha, como el GPS cuando te pasas la salida: recalcula y sigue.

Un formato sencillo para tu plan 2027:

  • Destino (plan de carrera): una o dos frases sobre dónde quieres estar a finales de 2027
  • Tres habilidades o experiencias que necesitas para llegar (plan de desarrollo)
  • Para cada una, pasitos con fecha, uno por mes o por trimestre
  • Una regla de reajuste: «si llega la fecha y no avancé, reviso por qué y muevo el resto»
  • Una persona a quien le vas a contar tus avances

Cómo llevar tu plan a la mesa antes de que se cierre la caja

Tener el plan es la mitad. La otra mitad es que tu organización lo conozca mientras todavía puede invertir en él. Recuerda lo que vimos con McKinsey: el apoyo de carrera hace la diferencia, y el apoyo se pide (Krivkovich et al., 2025).

Agenda la conversación ahora. Esta semana o la próxima. Pide 30 minutos con tu jefa o jefe y ponle un nombre claro a la reunión: «Mi plan de desarrollo para 2027». Así la otra persona llega pensando en eso y no en el pendiente del día.

Traduce tu plan a lo que gana la organización. Tu crecimiento importa por sí mismo, y además conviene mostrar cómo se conecta con las prioridades del área. «Quiero certificarme en gestión de proyectos» suena a gasto. «Con esta certificación puedo liderar la implementación del nuevo sistema que tenemos planeada para el segundo trimestre» suena a inversión.

Pide en concreto. Monto, horas y fecha. Las peticiones vagas reciben respuestas vagas. Puedes pedir presupuesto para formación, tiempo protegido (por ejemplo, cuatro horas al mes para estudiar), un proyecto con visibilidad o que alguien de dirección te patrocine en algún espacio.

Usa tu lista de «lo que no me corresponde». Si vas a sumar algo nuevo, algo tiene que salir. Puedes decir algo como: «Para tener tiempo para este proyecto, propongo que la coordinación del reporte mensual rote entre el equipo a partir de enero».

Un guión que puedes adaptar:

«Quiero compartirte lo que planeo para 2027 y pedirte apoyo antes de que se cierre el presupuesto. Este año logré [logro con número]. Para el próximo año quiero [destino], y para eso necesito desarrollar [habilidad o experiencia]. Te propongo [petición concreta con monto, horas o proyecto]. Esto le sirve al área porque [beneficio]. ¿Qué necesitarías de mí para que esto entre en la planeación?»

Y si te dicen que no, pregunta dos cosas: «¿Qué tendría que pasar para que fuera un sí?» y «¿Lo podemos revisar en la planeación de medio año?». Después de la reunión, manda un correo corto con lo que acordaron. Lo escrito se recuerda; lo platicado se evapora.

Cuando diciembre llega con bofetada incluida

Ahora, también hay que decirlo: a veces llega diciembre, tienes tu plan listo y la vida te da una bofetada. A mí me pasó. Me quedé sin trabajo, sin dinero y sin pareja, todo en el mismo momento. Todo. Ese plan tan bonito que tenía para el año siguiente tuvo que esperar, y tuve que armar un plan de emergencia con lo que había.

Y está bien. Se vale llorar cuando pasa, porque se siente que todo se te viene encima, y es así. Pero aprendí que la capacidad de reajustar es la habilidad más importante de cualquier plan. Si 2026 te dio una bofetada, tu plan 2027 puede ser un plan de emergencia: estabilizar, sanar, recuperar piso. Ese también es un plan de carrera, y también merece estar por escrito.

Tu tarea para esta semana

Toma una hoja (o esa libreta bonita que, si eres como yo, tampoco vas a terminar). Responde las tres preguntas de la auditoría. Escribe tu destino y tus tres habilidades o experiencias para 2027, con pasitos y fechas. Y agenda la conversación antes de que termine noviembre.

Las organizaciones ya están decidiendo en qué van a invertir el próximo año. Que tu nombre esté en esa conversación.

Cuéntame en los comentarios: ¿cuál de las tres preguntas de la auditoría te costó más responder?


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Referencias

Abouzahr, K., Krentz, M., Taplett, F., Tracey, C., y Tsusaka, M. (2017, 5 de abril). Dispelling the myths of the gender «ambition gap». Boston Consulting Group. https://www.bcg.com/publications/2017/people-organization-leadership-change-dispelling-the-myths-of-the-gender-ambition-gap

Dominican University of California. (2016, enero). Goal-setting research cited by TIME, Forbes, Yahoo, others [Comunicado]. https://media.dominican.edu/uploads/LIBR/News-Archives-2016/News-01-2016-GoalSettingResearch.pdf

Gollwitzer, P. M., y Sheeran, P. (2006). Implementation intentions and goal achievement: A meta-analysis of effects and processes. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69–119. https://doi.org/10.1016/S0065-2601(06)38002-1

Harvard Library. (s.f.). I heard about a Harvard study saying that «people who write down their projects and dreams» easily achieve success in the future. Do you have any research showing something like that? Ask a Librarian. https://ask.library.harvard.edu/faq/82314

Krivkovich, A., Goldstein, D., y McConnell, M. (2025, 9 de diciembre). Women in the Workplace 2025. McKinsey & Company y LeanIn.Org. https://www.mckinsey.com/capabilities/people-and-organizational-performance/our-insights/women-in-the-workplace

The Glass Hammer. (2012, noviembre). Women don’t get as many big jobs that lead to promotions. https://theglasshammer.com/2012/11/women-dont-get-as-many-big-jobs-that-lead-to-promotions/


Soy Candy Flores-Gracia. Bióloga, doctora en ciencias y maestra en comercialización de la ciencia y la tecnología. Llevo más de 15 años en innovación, liderazgo y emprendimiento en México y LATAM. Soy ganadora del Premio Nacional del Emprendedor 2016 y del Premio Globant Women that Build 2022 en la categoría Digital Leader. Actualmente lidero la comunidad con CandyFG, un espacio donde mujeres profesionistas desarrollan habilidades para crecer, decidir y emprender con confianza.

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