Por Candy Flores Gracia | Candy FG ¡Cuestiónalo todo!
Estás en una reunión. Presentas una propuesta técnica que preparaste durante semanas, con datos, con pruebas, con todo documentado. Alguien pregunta: «¿segura que esos números están bien?» Media hora después, un colega lanza una idea sin desarrollar, sin datos, apenas un boceto en una servilleta mental, y el equipo la recibe con un «interesante, exploremos eso.»
Si trabajas en tecnología y eres mujer, probablemente no necesitas que te explique esta escena. La has vivido. La palabra clave aquí no es «inseguridad» ni «sensibilidad». La palabra clave es sistema.
Este artículo no es sobre motivarte a que «creas más en ti misma». Es sobre nombrar, con nombre y apellido de investigación, los mecanismos específicos que hacen que ser mujer en STEM nos cueste más energía, más tiempo y más pruebas que ser hombre en el mismo puesto. Y después, sobre qué hacer con eso sin quemarnos en el intento.
El sesgo de «demostrarlo otra vez»
Existe un patrón documentado que las investigadoras Joan C. Williams y Rachel Dempsey bautizaron como prove it again, el patrón exige que las mujeres demostremos nuestra competencia repetidamente, mucho más que los hombres, porque la información sobre la competencia de un hombre tiene más permanencia que la información equivalente sobre una mujer (Williams & Dempsey, 2014). En otras palabras: a un hombre se le juzga por su potencial. A nosotras se nos juzga por nuestro historial, comprobado, documentado y vuelto a comprobar. strategy+business
Esto no es anecdótico. Cerca del 65% de las mujeres reporta haber experimentado este sesgo en algún grado, y la cifra sube hasta 77% entre mujeres afrodescendientes en STEM (Williams, 2020). Entre mujeres en puestos ejecutivos, el 68% reporta haber vivido directamente el patrón «demuéstralo otra vez». University of Nevada, RenoChief Executive
En tecnología, este sesgo tiene una versión particular: la idea que presentas en una reunión «no aterriza» hasta que un colega la repite con otras palabras, y entonces sí se convierte en la idea del equipo. No es que estés exagerando. Es un fenómeno tan reconocido que tiene nombre propio en la literatura sobre sesgo de género: el efecto de la «idea robada».
La fuga que no es fuga
Se habla mucho de «pipeline» en tecnología, como si el problema fuera que no entran suficientes mujeres. Los números cuentan otra historia. En 1995, las mujeres representabamos el 37% de quienes trabajaban en ciencias de la computación en Estados Unidos; para 2022, ese número había caído a 22% (McKinsey & Company, 2025). No es que no lleguemos. Es que nos vamos. McKinsey & Company
Y no nos vamos porque no podamos con el trabajo técnico. Actualmente solo el 26% de las y los profesionales de Datos e IA a nivel global son mujeres, y más de la mitad de las mujeres abandona el sector tecnológico antes de llegar al punto medio de su carrera (Kapur, 2025). Ese dato debería incomodarte tanto como me incomoda a mí. No es un problema de talento. Es un problema de qué tan sostenible es quedarse en un ambiente que constantemente te pide más pruebas que a tu compañero de al lado. Diginomica
Ser la única en la sala
Aquí hay un fenómeno que probablemente conoces en carne propia aunque nunca le hayas puesto nombre: la socióloga Rosabeth Moss Kanter documentó, desde 1977, lo que ocurre cuando una persona representa menos del 15% de un grupo. Describió las experiencias laborales de mujeres «token» trabajando con un grupo dominante de hombres, atribuyendo la hipervisibilidad, la presión de desempeño y la marginalización resultantes a la proporción sesgada de su grupo de trabajo (Kanter, 1977). Esa hipervisibilidad tiene un costo físico real, no solo emocional: la investigación sobre amenaza del estereotipo, desarrollada por el psicólogo Claude Steele, muestra que la mera presencia de estereotipos negativos sobre el propio grupo puede afectar el desempeño a través de la carga psicológica de gestionar la amenaza de confirmarlos. Ser «la única» no es solo incómodo. Literalmente pone a tu sistema nervioso en un estado de alerta sostenida. Annie Wright
Ahora, el dato que también necesitas conocer: cuando el equipo sí escucha y actúa sobre las ideas de esa «única mujer», la investigación con equipos tácticos militares muestra que agregar a una mujer consistentemente lleva a soluciones más eficientes de problemas complejos que requieren pensamiento creativo colectivo, cuando el equipo actúa sobre sus ideas (Farh et al.). El problema nunca fue tu capacidad. Fue si te escuchaban o no. uw
Por qué «consíguete un mentor» es un consejo incompleto
Llevamos años escuchando que la solución es «buscar mentoría». La mentoría ayuda, pero no es lo que mueve a alguien de nivel medio a nivel senior. La diferencia importa: un mentor habla contigo, un sponsor habla de ti frente a las personas que deciden ascensos. Y ahí está la brecha real. Las mujeres reciben sponsorship con menos frecuencia que los hombres, y aun cuando sí tienen un sponsor, siguen siendo 15% menos propensas a ser promovidas que los hombres con sponsor (McKinsey & LeanIn.Org, 2025). Solo el 31% de las mujeres en nivel de entrada tiene un sponsor, comparado con el 45% de los hombres en el mismo nivel. CIOInc
Esto no significa que la mentoría no sirva. Significa que si tu estrategia de carrera depende únicamente de «alguien que me aconseje», te estás quedando corta frente a quienes tienen «alguien que me recomiende cuando yo no estoy en la sala».
Las microagresiones no son «estar exagerando»
El 38% de las mujeres en el mundo laboral reporta comentarios sutiles y patrones repetidos de desatención por parte de gerentes, colegas e incluso clientes, que las hacen sentir invisibles, irrespetadas o insuficientes. No son eventos aislados. Es el «quién nota tus errores y quién los olvida», el «quién repite tu idea y se la apropia», el «a quién le preguntan primero en la reunión técnica». Cada uno, por separado, parece pequeño. Sumados durante años, son la razón estructural detrás del síndrome de la impostora del que hablamos antes: no es que dudes de ti sin motivo. Es que el ambiente te ha estado pidiendo que dudes. Brighterly
Entonces, ¿qué hacemos con todo esto?
Nombrar el sistema es el primer paso, pero no es el único. Aquí van estrategias concretas, no afirmaciones vacías:
Construye tu propio consejo de sponsors, no esperes a que te descubran. Identifica dos o tres personas con influencia real en decisiones de ascenso. No les pidas consejo, hazles visible tu impacto: comparte resultados directamente, invítalas a proyectos donde tu trabajo se note, pide que te incluyan en conversaciones donde se decide quién sube.
Documenta con la misma disciplina que usamos para negociar salario. Si ya construiste tu dossier de evidencias, este es el momento de usarlo también aquí: cada vez que tu idea se atribuya a otra persona, cada vez que se te pida más evidencia de la que se le pide a un colega, anótalo. No para victimizarte. Para tener el patrón documentado cuando decidas actuar sobre él.
Nombra el patrón en el momento, sin drama, con precisión. «Esa fue la propuesta que presenté hace veinte minutos» es una frase completa. No necesita disculpa ni explicación adicional.
Busca aliadas y aliados que actúen, no solo que simpaticen. La diferencia entre alguien que te dice «qué mal que te pasó eso» y alguien que dice «yo lo vi, y lo voy a mencionar en la siguiente reunión» es la diferencia entre validación y cambio real.
Elige tus batallas con estrategia, no con culpa. No cada microagresión merece una respuesta en vivo. Documentar y elegir el momento correcto no es debilidad, es cálculo.
No estás rota. No te falta confianza, te sobra evidencia de que el sistema fue diseñado sin pensar en ti. La diferencia entre sobrevivir esto y navegarlo con estrategia está en dejar de preguntarte qué te pasa a ti, y empezar a preguntar qué necesita cambiar en la sala donde estás. Cuestiónalo todo, empezando por la idea de que el problema eres tú.
Referencias (formato APA)
Kanter, R. M. (1977). Men and women of the corporation. Basic Books.
Kapur, R. (2025, marzo 5). Sponsorship vs mentorship: The key to advancing women in tech. Diginomica.
McKinsey & Company. (2025). How women can steer toward growing industries and companies. McKinsey & Company.
McKinsey & LeanIn.Org. (2025). Women in the Workplace 2025.
Williams, J. C. (2020). Bias interrupted: Creating inclusion for real and for good. Harvard Business Review Press.
Williams, J. C., & Dempsey, R. (2014). What works for women at work: Four patterns working women need to know. NYU Press.
Soy Candy Flores-Gracia. Bióloga, doctora en ciencias y maestra en comercialización de la ciencia y la tecnología. Llevo más de 15 años en innovación, liderazgo y emprendimiento en México y LATAM. Soy ganadora del Premio Nacional del Emprendedor 2016 y del Premio Globant Women that Build 2022 en la categoría Digital Leader. Actualmente lidero la comunidad con CandyFG, un espacio donde mujeres profesionistas desarrollan habilidades para crecer, decidir y emprender con confianza.
¡Cuestiónalo todo!

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