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No eres una fraude. El sistema solo te hizo creer que sí.

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Por Candy Flores Gracia | Candy FG ¡Cuestiónalo todo!


El síndrome de la impostora tiene nombre, tiene investigación y tiene historia. Y nada de eso tiene que ver con tus capacidades.

Voy a empezar con una pregunta dura: ¿cuántas veces has estado a punto de hablar en una reunión, tenías la respuesta perfecta, y te callaste porque pensaste «¿y si me equivoco y todas se dan cuenta de que no sé lo que hago aquí»?

Si levantaras la mano, no estarías sola. Estarías en compañía de prácticamente todas las mujeres que han entrado a un espacio técnico, científico o de ingeniería en algún momento de su vida.

Eso tiene nombre. Se llama síndrome de la impostora. Y lo más importante que vas a leer hoy es esto: no es un defecto tuyo. Es una respuesta aprendida a entrar en espacios que no fueron diseñados para nosotras.

Empecemos por el principio: ¿de dónde viene esto?

El año es 1978. Dos psicólogas de Georgia State University, Pauline Clance y Suzanne Imes, están trabajando con mujeres académicamente exitosas y se topan con algo desconcertante: sus pacientes, a pesar de tener títulos, publicaciones y reconocimientos, se sienten como fraudes. Clance e Imes describieron el fenómeno como la incapacidad de una persona para reconocer sus propias capacidades y habilidades, observado inicialmente en mujeres con logros sobresalientes. ResearchGate

En su artículo original, definieron el «fenómeno de la impostora» como una experiencia interna de ser una fraude intelectual, que aparece con particular intensidad en mujeres de alto rendimiento. Identificaron que ciertas dinámicas familiares tempranas y la posterior internalización de los estereotipos de rol de género contribuyen de manera significativa a su desarrollo. Paulineroseclance

Nota la palabra: internalización. No naces sintiéndote impostora. Lo aprendes. Lo absorbes. Lo construyes, ladrillo a ladrillo, cada vez que alguien te pregunta «¿estás segura?» cuando un hombre no recibiría esa pregunta, cada vez que eres la única mujer en la sala y sientes que representas a todo tu género, cada vez que te piden que «demuestres» lo que ya demostraste.

El ciclo que nos atrapa (y cómo funciona)

El síndrome de la impostora no es solo sentirte mal. Es un mecanismo psicológico con su propia lógica interna, y Clance lo describió con seis características centrales:

1. El ciclo de la impostora. Tienes un proyecto o reto importante. La ansiedad sube. Entonces: o sobre-preparas hasta el agotamiento (para que nadie «descubra» que no sabes), o procrastinas hasta el límite y luego entregas con un sprint frenético. El resultado sale bien. Pero en lugar de pensar «lo logré porque soy buena,» piensas «tuve suerte» o «si supieran cuánto me costó.» Y el ciclo reinicia.

2. La necesidad de ser la mejor. No es suficiente con ser buena. Hay que ser la más brillante, la más preparada, la que nunca tiene una duda. Porque si tienes dudas, te van a descubrir.

3. El modo superpoder. Intentas compensar el supuesto fraude siendo absolutamente indispensable. Dices sí a todo. Te quedas hasta tarde. Te ofreces para lo que nadie quiere. No es ambición, es miedo disfrazado de productividad.

4. El terror al fracaso. No es el fracaso en sí lo que aterra. Es que el fracaso confirme lo que ya sospechas: que nunca tuviste lo que se necesita para estar aquí.

5. Descontar los éxitos. Te felicitan por un proyecto y piensas «se les pasó lo malo.» Tu jefa te da una promoción y piensas «necesitaba a alguien y yo estaba disponible.» Ninguna evidencia externa sobrevive el filtro interno.

6. El miedo al éxito. Porque si tienes éxito, las expectativas suben. Y si las expectativas suben, las posibilidades de que te «descubran» también.

¿Te suena conocido alguno de estos puntos? Sí, porque lo hemos vivido.

¿Por qué nos pasa más a nosotras en STEM?

Aquí es donde la conversación se pone interesante y donde más me importa que leas con atención, porque esto cambia todo.

El síndrome de la impostora no afecta a todo el mundo por igual. En ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, existe un estereotipo prevalente que sugiere falsamente que las mujeres no tenemos las capacidades intelectuales naturales necesarias para tener éxito, lo que puede dificultarnos internalizar nuestros logros. La falta de representación en el campo también cumple un papel, recordándonos constantemente a los grupos subrepresentados cómo la sociedad percibe nuestras habilidades. Phys.org

Y los números son contundentes. Un estudio de 2025 con 80 mujeres en programas de posgrado STEM encontró una prevalencia altísima: el 97.5% reportó al menos niveles moderados de experiencias de impostora. Casi todas. No estamos hablando de un fenómeno de nicho, estamos hablando de algo sistemático. Springer

¿Por qué STEM en particular? Porque los campos técnicos tienen características que amplifican el mecanismo:

Las jerarquías son más visibles. Sabes exactamente quién sabe más que tú en qué área, y eso genera comparaciones constantes.

El error es más público. El código que no compila, la derivada que se equivocó en el pizarrón, el modelo que predice lo contrario, los errores se ven. Y cuando eres minoría, sientes que ese error no solo te representa a ti, sino a todas.

La representación es escasa. Cuando volteas y casi no ves mujeres en roles de liderazgo técnico, tu cerebro registra una señal: «quizás no es para nosotras.»

La cultura de «quien más sabe más habla» premia a quienes no dudan. Y dudar, que es en realidad un signo de pensamiento crítico sofisticado, se convierte en evidencia de que «no eres tan buena.»

La amenaza del estereotipo: cuando el contexto te afecta aunque no lo creas

Hay otro fenómeno que trabaja de manera coordinada con el síndrome de la impostora, y que muchas no conocemos por nombre aunque lo hemos vivido en carne propia: la stereotype threat (amenaza del estereotipo).

La conciencia de los estereotipos negativos sobre las capacidades de las mujeres en estos campos puede deteriorar el desempeño debido al miedo de confirmar esos estereotipos. Esta dinámica puede reducir el interés y la participación en matemáticas, ingeniería y tecnología. ResearchGate

El experimento original de Spencer, Steele y Quinn (1999) lo demostró de manera impactante: cuando la prueba de matemáticas se describía como una que producía diferencias de género y la amenaza del estereotipo era alta, las mujeres tenían un desempeño sustancialmente peor que hombres igualmente calificados. Las mismas mujeres. Las mismas capacidades. Un contexto diferente. Semantic Scholar

No es que seamos menos capaces. Es que operamos bajo una carga cognitiva adicional que la mayoría de nuestros colegas hombres no carga. Parte de nuestros recursos mentales están ocupados monitoreando el ambiente, ajustando el comportamiento, anticipando juicios. Eso tiene un costo real.

La diferencia que nadie menciona: impostora en mayoría vs. impostora en minoría

Aquí hay una distinción crucial que la narrativa popular de «el síndrome de la impostora les pasa a todos» tiende a borrar.

Sí, los hombres también pueden sentirse impostores. Pero no es lo mismo. Las mujeres de color, las estudiantes de primera generación y las que provienen de regiones subrepresentadas enfrentan desafíos en capas. Las mujeres de fondos minoritarios encuentran frecuentemente la amenaza del estereotipo, donde el miedo a confirmar un estereotipo negativo impacta el desempeño. Esto puede intensificar los sentimientos de impostora y reducir la confianza aún más. Por ejemplo, las mujeres de color en departamentos predominantemente blancos pueden sentir que representan a toda su comunidad. Cualquier error, por menor que sea, se siente amplificado. Womeninstemnetwork

Cuando el síndrome de la impostora te afecta como parte de un grupo históricamente excluido del espacio en el que estás, el mecanismo tiene combustible externo constante. No es solo tu cabeza, es el ambiente que te lo confirma, a veces de manera sutil, a veces no tanto.

Eso no significa que estés condenada. Significa que la solución no puede ser solo «trabaja tu autoestima.» El contexto también tiene que cambiar. Pero mientras eso ocurre, nosotras podemos aprender a navegarlo sin que nos paralice.

El efecto real en nuestras carreras

El síndrome de la impostora no es solo una incomodidad emocional. Tiene consecuencias concretas y medibles en las decisiones de carrera que tomamos.

La investigación de Shin demostró que el impostorismo predijo peor salud mental general, mayor burnout, y mayor consideración de abandonar el programa entre las mujeres graduadas en STEM. Phys.org

Y más allá del abandono: no pedimos el aumento. No aplicamos al puesto porque creemos que necesitamos el 100% de los requisitos. No levantamos la mano para el proyecto visible. Esta auto-duda no solo afecta la confianza, también puede frenar a las mujeres de buscar promociones, negociar salarios o asumir roles de liderazgo. FELIZ Consulting

La ironía cruel es que el síndrome de la impostora nos afecta más a las que más logramos. Dado que el impostorismo es experimentado por individuos de alto rendimiento, no se esperaba que predijera los logros académicos, y de hecho, no predijo las publicaciones ni tus calificaciones de posgrado. Las mujeres que se sienten impostoras siguen siendo objetivamente exitosas. El problema no es su desempeño. Es lo que creen de su desempeño. Springer

Herramientas reales (no afirmaciones vacías)

Quiero ser honesta: no existe un truco de 5 minutos que haga desaparecer décadas de condicionamiento cultural. Lo que sí existen son prácticas que, con consistencia, interrumpen el ciclo.

1. Nombra el mecanismo cuando aparece

El simple acto de decir «esto es el síndrome de la impostora hablando» crea distancia entre tú y el pensamiento. No lo elimina, pero lo pone en perspectiva. En lugar de «no sé lo suficiente para hablar,» es «tengo un pensamiento de impostora sobre no saber suficiente.» Pequeña diferencia, gran efecto.

2. Construye tu carpeta de evidencias

No esperes a que alguien te lo pida. Empieza hoy a documentar: proyectos entregados, problemas resueltos, decisiones que tomaste y funcionaron, feedback positivo que recibiste. Cuando el ciclo de la impostora active el «tuve suerte,» tienes evidencia concreta que dice otra cosa. Tu cerebro cree los datos, dáselos.

3. Distingue entre no saber y no saber todavía

Las mujeres en STEM que más han avanzado no son las que saben todo, son las que desarrollaron comodidad con la incertidumbre y confianza en su capacidad de aprender. «No sé cómo funciona este modelo» no es evidencia de fraude. Es una situación de aprendizaje. La diferencia lingüística importa.

4. Habla de ello con otras

Una de las razones por las que el síndrome de la impostora se mantiene vivo es porque lo vivimos en silencio. Cuando empezamos a hablarlo, con colegas, con amigas, con nuestra red, descubrimos que no somos las únicas. Y hay algo que se rompe en el mecanismo cuando dejas de creer que eres la única que no sabe lo que hace.

5. Sé estratégica con dónde pones tu atención

El síndrome de la impostora se alimenta de comparación hacia arriba (siempre hay alguien que sabe más), de errores magnificados, y de éxitos minimizados. Practica la dirección inversa: ¿qué sé hoy que no sabía hace un año? ¿Qué resolví esta semana? ¿Quién me buscó a mí para preguntarme algo?

6. Busca comunidad, no solo mentoras

La mentoría individual ayuda, pero la comunidad cambia el contexto. Estar en espacios donde mujeres en STEM se reconocen mutuamente, comparten sus dudas y sus logros, normaliza la experiencia y desnaturaliza la sensación de fraude. No eres una excepción rara. Somos muchas.

Lo que esto no es

Termino con algo importante: trabajar el síndrome de la impostora no significa que el sistema es justo y que el problema eres tú. Las mujeres en STEM enfrentan una doble trampa: la combinación de trabajar casi exclusivamente con colegas hombres (ser minoría numérica) y trabajar en el sector técnico (donde las mujeres son estereotipadas negativamente) predijo los niveles más altos de amenaza a la identidad de género, afectando negativamente el engagement laboral y la confianza en la carrera. nih

El contexto tiene que cambiar. Las organizaciones tienen que cambiar. Pero mientras eso ocurre, y está ocurriendo, aunque lento, nosotras no tenemos que esperar paralizadas.

Podemos hacer las dos cosas a la vez: trabajar en interrumpir el ciclo interno y nombrar cuando el ambiente contribuye al problema. No son mutuamente excluyentes.

Llevas años siendo suficientemente buena para estar donde estás. La voz que dice lo contrario no es la tuya, es el eco de un sistema que prefería que no entraras.

Ya entraste. Y de aquí no te vas.

¡Cuestiónalo todo!


Referencias

Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241–247. https://doi.org/10.1037/h0086006

Shin, J. E. L. (2025). Impostorism: prevalence and its relationships with mental health, burnout, dropout consideration, and achievement among graduate women in STEM. Social Psychology of Education, 28(1). https://doi.org/10.1007/s11218-025-10090-0

Spencer, S. J., Steele, C. M., & Quinn, D. M. (1999). Stereotype threat and women’s math performance. Journal of Experimental Social Psychology, 35(1), 4–28. https://doi.org/10.1006/jesp.1998.1373

McKinsey & Company. (2024). Women in the Workplace 2024: The 10th-anniversary report. https://www.mckinsey.com/women-in-the-workplace


Soy Candy Flores-Gracia. Bióloga, doctora en ciencias y maestra en comercialización de la ciencia y la tecnología. Llevo más de 15 años en innovación, liderazgo y emprendimiento en México y LATAM. Soy ganadora del Premio Nacional del Emprendedor 2016 y del Premio Globant Women that Build 2022 en la categoría Digital Leader. Actualmente lidero la comunidad con CandyFG, un espacio donde mujeres profesionistas desarrollan habilidades para crecer, decidir y emprender con confianza.

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