Crecimiento, liderazgo y desarrollo profesional

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¿Qué hago cuando dudo de mi?

Todas hemos sentido alguna vez dudas sobre nuestras propias habilidades y capacidades en el trabajo. Yo, incluso ahora, tengo dudas sobre varias de las cosas que hago.

Es normal sentir dudas, es normal cuestionarnos y es normal analizar los retos que se nos ponen en frente.

Pero cuando estas dudas sobre nosotras mismas, sobre nuestras habilidades y conocimientos se convierten en un factor paralizante, sin duda tenemos que actuar para seguir avanzando.

En mi carrera me he enfrentado personalmente este desafío y hoy quiero compartirte algunas de las formas en las que he logrado disiparlas y avanzar.

Primero, quiero contarte sobre algunos de los escenarios en los que me he enfrentado a estas dudas y ver si puedes identificarte con alguna de estas situaciones.

La Autocrítica Constante

Cuando ha llegado el momento de tomar una decisión, y por fin la tomo, muchas veces me detengo a preguntarme una y otra vez si habrá sido, o no, la decisión correcta. ¿Te ha pasado esto en el trabajo? Esto es algo que considero una autocrítica constante y a veces me ha llevado a una parálisis que me impide tomar riesgos. Seamos honestas: no hay forma de tener completa certeza sobre ninguna de las decisiones que tomemos en un ambiente laboral, así que he aprendido que la decisión que tome será siempre la mejor. Porque la tomé con la información con la que contaba en ese momento y atendiendo a una circunstancia específica. Así que he dejado de lado esta constante autocrítica a lo que pude hacer mejor, porque sé que lo hice y, reitero, porque lo hice tomando en cuenta la información con la que contaba en ese momento y ante esa circunstancia.

El Síndrome de la Impostora

Ya sabemos que existe el síndrome de la impostora. Y Reshma Saujani, en un discurso de graduación nos comparte algo sobre la historia de este síndrome. Te invito a revisarlo porque estoy segura que te ayudará a entender este síndrome desde otra perspectiva. Pero el síndrome de la impostora es lo que hace que tengamos esta sensación de que no merecemos estar en donde estamos. Creo que la primera vez que lo dude de formas que nunca lo había hecho antes, fue cuando me ofrecieron dirigir un gran proyecto. Lo primero que me pasó por la cabeza fue: – “Yo sé que soy buena ejecutando. Eso es lo que he hecho por mucho tiempo. Pero ¿dirigir? Eso requiere de otras habilidades que no he desarrollado.” – Y la verdad es que ejecutando, también tuve que liderar un equipo, así que sin duda ya había desarrollado esas habilidades, solo que no estaba consciente de ellas.

El Miedo al Rechazo

Es una verdad de la vida que nunca vamos a poder tener contentas a todas las personas. Y aún así, muchas veces nos detenemos pensando si en realidad tomar una posición de liderazgo será lo adecuado no solo para nosotras, sino para el proyecto que lideraremos. A estas alturas me queda claro que siempre habrá una persona que sea mi detractor, no importa cuanto me esfuerce. Y he tratado de lidiar con ese rechazo entendiendo que las circunstancias son diferentes para cada quién. Yo soy una persona con mucha energía y esto siempre choca con aquellas personas que están acostumbradas a hacer el mínimo esfuerzo. Entonces, así es, y así será. Pero yo no lidero proyectos para hacerme amiga de todas y todos, los lidero porque es un proyecto que seguramente me apasiona y quiero sacar adelante. Así que hacer a un lado esa idea de complacer a todas las personas es lo que me ha ayudado a enfrentar ese miedo al rechazo porque, de entrada, ya se que al menos una de esas personas sentirá rechazo a las cosas que yo quiero cambiar.

La Comparación Constante

En mi carrera he encontrado grandes personas que son referentes de lo que quiero lograr y que me inspiran a dar lo mejor de mi en cada cosa que hago. Algunas otras veces, me ha tocado estar en iniciativas similares que, así como aquella en la que yo participo, tienen a una persona a cargo del proyecto. Y ahí es en donde me empiezo a enfrentar a estas dudas no solo internas, sino externas, de personas que me preguntan: “¿Si allá ya lograron esto, por qué aquí no lo hemos logrado? Al inicio esto socavaba por completo mi confianza, porque siempre me preguntaba: ¿Si el/ella si, yo por que no? Hasta que caí en cuenta que cada persona tiene sus propios recursos: intelectuales, económicos, físicos… ¿Cómo podría lograr lo mismo si en mi equipo tenemos personas con diferentes habilidades? ó ¿cómo podía lograr lo mismo si mi presupuesto era menor? Cada camino es único, cada proyecto tiene diferentes recursos, y las comparaciones no siempre son justas ni saludables. Por eso aprendí que siempre que me preguntan ¿por que allá si y aquí no? Mi respuesta viene con otra pregunta ¿Por qué crees que contamos con los mismos recursos para lograrlo? Y con esa respuesta es que puedo empezar a ajustar expectativas.


Y ante todas estas situaciones, y muchas más que no me daría tiempo de escribirlas por completo, es que he sentido duda sobre mi, sobre mis capacidades, mis habilidades y mis conocimientos.

Y en todos estos años he logrado cambiar algunas de las cosas que hago de forma cotidiana para que me ayuden a que cada vez estas dudas sean menos y, sobre todo, que no me paralicen.

Te las comparto y me encantará saber si has intentado ya alguna de estas o si crees que alguna podría funcionar para ti.

1. Cambia tu Diálogo Interno: Reconoce tus pensamientos autocríticos y cámbialos por afirmaciones positivas. ¡Tú eres tu mejor defensora! Siempre he dicho que si yo no me hecho porras, entonces ¿quién? Está bien dudar, por supuesto, pero es mejor cambiar este dialogo que tenemos con nosotras mismas y ser más compasivas.

2. Busca una Mentora: Todas nos hemos sentido así. De verdad. Y qué mejor que encontrar a una mujer lideresa que te inspire y pueda guiarte. Acércate a ella, pide apoyo y te sorprenderá lo que puede compartirte. No solo desde su propia experiencia, sino de las personas que ella seguro ha liderado y han pasado también por lo mismo que tu. El apoyo de alguien que ha pasado por lo que tú enfrentas es inestimable.

3. Anota tus Logros: Ya lo he dicho antes, pero cuando estamos ante situaciones estresantes, nos cuesta trabajo recordar todo lo que hemos logrado que, créeme, es mucho. Así que te recomiendo que lleves una lista en donde registres todo eso. Yo lo tengo en un documento en la nube al que llamo Curriculum Extenso. Ese documento es para mi, para mi consulta y para recordarme cada vez que lo necesito, que he sido capaz de lograr cosas y que esto ha sido gracias a mis capacidades, mis habilidades y el conocimiento que he adquirido con los años.

4. Abraza el Aprendizaje Continuo: Me encantaría saberlo todo, pero creo que es, incluso, físicamente imposible. Por eso me apasiona encontrarme con retos que sé que me sobrepasan y en vez de paralizarme hago una ruta rápida de lo que creo que debo aprender para sobrellevarlo. Busco recursos y apoyo en otras personas y me pongo manos a la obra. Porque estoy convencida que no hay mejor manera de aprender que haciendo las cosas. Acepta que siempre habrá más por aprender y eso está bien.

5. Rodearte de una Red de Apoyo: Siempre lo digo, somos muchas y no estamos solas. Encuentra esa red de apoyo que está llena de mujeres maravillosas. Comparte tus dudas y miedos con más mujeres que estoy segura entenderán los desafíos a los que te estas enfrentando. Además seguro mucha de ellas ya pasaron por lo mismo. Aprovecha esa experiencia y el conocimiento compartido. El apoyo mutuo es poderoso.

Y, por último, dos consejos prácticos para encontrar ese equilibrio:

1. Practica la Duda Saludable: Está bien dudar. Se trata de que seamos capaces de cuestionarnos las cosas que se han dictado como “normales”. Si no dudáramos de esto, no estaríamos en la misma lucha tratando de cerrar la brecha entre géneros que existe. Dudar de vez en cuando puede ayudarte a tomar decisiones más informadas. Pero no permitas que la duda constante te paralice.

2. Encuentra tu Voz: Amo una frase que dice “tenemos una voz y sabemos como usarla” Así que ¡Úsala! No temas expresar tus ideas y opiniones en el trabajo. Tu perspectiva es valiosa. Y si el ambiente laboral no es el adecuado para compartir ideas de forma libre tienes dos opciones: 1) empieza a crearlo ó; 2) empieza a buscar un entorno en donde lo que aportas de valor al equipo y al proyecto.

Recuerda, dudar ocasionalmente está bien, pero no dejes que la duda constante te detenga. Tienes el potencial, las habilidades y el poder para alcanzar las altas esferas del liderazgo. Juntas, derribaremos esas barreras y alcanzaremos nuevos horizontes de éxito.

Una respuesta a “¿Qué hago cuando dudo de mi?”

  1. […] Si no te haces notar, ¿cómo van a saber que estás ahí? Es momento de aprender a comunicarte con confianza, y a ser visibles sin miedo. Yo también dudo de mi, pero aquí te dejo algunas de las cosas que hago cuando dudo de mi. […]

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