Seamos honestas: la palabra networking tiene pésima fama. Suena a sonrisita ensayada, a conversación acartonada y a ese momento rarísimo en el que alguien te pregunta “¿y tú a qué te dedicas?” pero en realidad está pensando “¿me sirves o no me sirves?”. No estás exagerando si eso te hace sentir incómoda. De hecho, hay investigación que muestra que muchas personas viven el networking con una sensación de incomodidad moral o falta de autenticidad, especialmente cuando se siente puramente instrumental (Casciaro et al., 2014; Park et al., 2024).
A muchas mujeres esto nos pega doble. No solo porque el networking tradicional puede sentirse falso, sino porque además muchas crecimos con mensajes tipo “sé humilde”, “no presumas”, “no seas intensa”, “no pidas tanto”. Y ese cóctel pesa.
Y si lo ponemos en nuestro contexto de América Latina y el Caribe, las mujeres seguimos cargando con una proporción desmedida del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado: la CEPAL reporta que dedicamos casi tres veces más tiempo que los hombres a estas tareas. Entonces no, no es falta de interés, ambición o disciplina si a veces sientes que “no te da la vida” para cultivar relaciones profesionales; muchas veces es estructura, no flojera (ECLAC, 2024).
Por eso quiero proponerte un cambio de marco mental: no pienses en networking; piensa en que una red de apoyo profesional no es un directorio telefónico gigante, es una comunidad. Y la diferencia es ENORME.
Porque una red de apoyo no es una colección de contactos. No es un zoológico de gente en LinkedIn. No es juntar tarjetas ni mandar mensajitos estratégicos cada que necesitas algo. Una red de apoyo es un ecosistema de personas con quienes puedes aprender, compartir, recomendar, pensar, pedir consejo y también sostenerte cuando el trabajo se pone rudo.
Y sí, además de sentirse más humano, también es útil: LinkedIn reportó que casi 80% de las personas profesionales considera importante el networking para el éxito profesional, y 70% de las personas contratadas llegó a una empresa donde ya tenía una conexión. Las relaciones importan. La diferencia está en cómo las construyes (LinkedIn Corporate Communications, 2017).
El dato que todas necesitamos conocer
Según un estudio de Harvard Business Review, las mujeres enfrentamos lo que llaman «el dilema del networking»: mientras que para muchas personas hacer contactos profesionales se siente natural, para nosotras puede sentirse transaccional e incluso «sucio» (Brands & Mehra, 2019). El estudio encontró que las mujeres nos sentimos menos cómodas con el networking tradicional porque lo percibimos como manipulativo.
¿Y saben qué? Tienen razón nuestra intuición. Porque el networking falso ES manipulativo. Pero construir relaciones auténticas no lo es.
Y la verdad es que es una de las herramientas más importantes para nosotras como mujeres profesionistas, porque las profesionistas que mantienen redes de apoyo sólidas tienen 5 veces más probabilidades de conseguir ascensos y nuevas oportunidades (LinkedIn, 2021).
Entonces, ¿cómo lo hacemos sin vender el alma?
No necesitas conocer a medio internet; necesitas identificar a tu gente
No necesitas una red gigantesca. Necesitas una red significativa.
La lógica de “entre más contactos, mejor” suena muy moderna, pero en la práctica las relaciones de confianza real siempre son más limitadas. Y, además, la investigación sobre redes y liderazgo muestra algo bien interesante: para nosotras, las mujeres, no solo importa estar conectadas, sino contar con un círculo cercano que combine apoyo genuino con acceso a información y oportunidades.
En un estudio sobre liderazgo, las mujeres con alta centralidad en su red y un círculo interno predominantemente femenino tuvieron una expectativa de colocación 2.5 veces mayor que las mujeres con baja centralidad y un círculo interno dominado por hombres (Yang et al., 2019).
La pregunta clave no es “¿a quién necesito?”, sino “¿a quién quiero cerca?”
Porque si construyes relaciones solo desde la utilidad, se nota. Y se siente. En cambio, cuando piensas en cercanía profesional desde afinidad, admiración, aprendizaje mutuo o valores compartidos, la cosa cambia por completo.
Pregúntate:
¿Quién me inspira?
¿Quién me hace pensar mejor?
¿Quién tiene una trayectoria de la que podría aprender?
¿Quién me da confianza?
¿Quién me recuerda que hay otras maneras de hacer carrera sin vender el alma?
Ahí empieza una red sana.
Entonces, antes de salir a “hacer networking”, mejor haz esto:
Paso 1: Dibuja tu mapa de red
Imagina que tu red profesional es como tu grupo de WhatsApp familiar, pero funcional y sin cadenas. Necesitas saber quién ya está ahí, quién te falta, y quién te inspira tanto que hasta te dan ganas de mandarle mensajitos de admiración. Y si, está bien hacerlo.
Aquí va el ejercicio práctico que cambió mi vida:
Toma una hoja (sí, de papel, o abre un documento, no soy policía) y divídela en cinco cuadrantes:
Cuadrante 1: Mis aliadas actuales
Son las personas que creen en ti, te recomiendan, te mandan oportunidades, te escuchan cuando algo laboral te tiene hasta el copete y, de vez en cuando, te recuerdan que no estás sola. Aquí pueden entrar colegas, exjefas, clientas, amigas de tu industria o personas con quienes has construido confianza real.
Esas personas que ya están en tu cancha. Escribe sus nombres y mientras lo haces, pregúntate: ¿Son suficientes? ¿Tu red es diversa en experiencias y sectores?
Cuadrante 2: Las mentoras que sueño
Son personas con más experiencia que pueden ayudarte a mirar más lejos. No porque tengan todas las respuestas, sino porque ya caminaron parte del camino que tú estás tratando de entender. Ojo: una mentora no tiene que ser una gurú inalcanzable. A veces basta con alguien que vaya cinco años adelante de ti, no veinte.
No importa si aún no las conoces. ¿Quién te inspira? ¿Qué directoras, investigadoras, emprendedoras te hacen pensar «quiero aprender de ella»? Anótalas. Este es tu radar de posibilidades.
Cuadrante 3: Mis pares (la tribu con quien crezco)
Estas son tus compañeras de trinchera. Las que están más o menos en un momento parecido al tuyo. No tienen que ser de tu misma empresa ni de tu mismo sector. A veces una gran par es esa persona que entiende perfecto lo que implica querer crecer, cobrar mejor, liderar, cambiar de rumbo o sobrevivir a juntas absurdas sin perder la dignidad.
Estas son ORO porque entienden exactamente por lo que estás pasando. Y dato importante: en Latinoamérica, el 68% de las mujeres profesionistas reportan que sus pares son su principal fuente de apoyo emocional en el trabajo (ONU Mujeres, 2020).
Cuadrante 4: A quién puedo apoyar yo
Sí, esto es recíproco. Tu red no solo se trata de quién te impulsa; también de a quién puedes abrirle una puerta, compartirle una vacante, recomendarle una herramienta o presentarle a alguien clave. Esa parte cambia por completo la sensación de “estar pidiendo”. Ya no eres una persona tratando de sacar ventaja; eres parte de una comunidad.
¿Qué mujeres más jóvenes o en posiciones diferentes podrían beneficiarse de tu experiencia? Aquí es donde te conviertes en la mentora que hubieras querido tener.
Cuadrante 5: Patrocinadoras o sponsors
No siempre se habla de esto, pero vale oro. Una mentora te aconseja; una patrocinadora usa su voz para hablar bien de ti cuando tú no estás en la sala. No todas tenemos acceso a estas figuras, pero identificarlas importa muchísimo.
Paso 2: Acercamientos genuinos
Ya tienes tu mapa. Ahora viene la parte donde muchas nos trabamos: ¿cómo me acerco sin sonar como «hola-necesito-algo-de-ti-bye»?
Si te sientes incómoda escribiendo el mensaje, probablemente lo estás haciendo mal.
No escribas como si estuvieras llenando un formulario de “favor profesional urgente”.
Lo genuino casi siempre tiene tres ingredientes: 1) especificidad; 2) humanidad y; 3) cero prisa disfrazada.
Por eso, aquí te comparto algunos formatos que sí funcionan:
Para alguien que admiras de lejos: «Hola [Nombre], llevo tiempo siguiendo tu trabajo en [tema específico] y me voló la cabeza tu artículo sobre [algo concreto]. Estoy trabajando en [tu área] y tu perspectiva me ayudó a pensar diferente sobre [tema]. ¿Estarías abierta a tomar un café virtual de 20 minutos? Me encantaría conocer más sobre tu experiencia en [tema específico].»
¿Ves la diferencia?
Es específico, genuino, y deja claro que hiciste la tarea. No es «quiero networking contigo», es «tu trabajo me importa y me gustaría aprender de ti».
Para reconectar con alguien: «¡Hola [Nombre]! Estaba pensando en ti porque [razón real: un artículo que leíste, un proyecto que te recordó a ella, lo que sea]. ¿Cómo va todo en [su empresa/proyecto]? Yo acá en [tu situación]. Me encantaría ponernos al día.»
Para fortalecer con pares: «Chicas, necesito su cerebro colectivo. Estoy lidiando con [situación profesional] y sé que varias han pasado por algo similar. ¿Podemos armar un café grupal virtual para intercambiar estrategias?»
La diferencia parece pequeña, pero no lo es. No estás diciendo “hola, dame algo”. Estás diciendo “hola, te veo, valoro lo que haces y me interesa construir conversación”.
Paso 3: Mantén vivo el vínculo (sin convertirte en la amiga pesada)
Aquí va el secreto que nadie te cuenta: las mejores redes profesionales se mantienen con micro-acciones constantes, no con grandes gestos esporádicos.
Estrategias anti-spam que funcionan:
La regla del 80/20
80% de tus interacciones tienen que ser aportar valor SIN pedir nada. Compartir un artículo que sabes que le va a interesar, felicitar por un logro, comentar genuinamente en sus posts, ofrecer ayuda. El 20% restante sí puede ser pedir apoyo, consejos o conexiones.
El calendario de cuidado relacional (sí, así de “fancy”)
Programa recordatorios cada 2-3 meses para contactar a personas clave. No para pedir nada, solo para mantener el contacto vivo. Un «¿cómo estás?» auténtico tiene más valor que diez mensajes cuando necesitas algo.
Crea espacios de encuentro
Organiza un grupo de lectura, un café virtual mensual, un chat donde compartan oportunidades. Cuando TÚ creas el espacio, automáticamente te posicionas como conectora (y créeme, las conectoras son las que más oportunidades reciben).
La verdad incómoda que necesitamos normalizar
Construir una red de apoyo toma tiempo. Y energía. Y a veces vas a sentir que no tienes ni lo uno ni lo otro. Porque además de tu carrera, tienes vida, familia, responsabilidades que muchas veces recaen desproporcionadamente en nosotras.
Pero aquí va mi verdad después de todos estos años que llevo liderando equipos: cada café que tuve con una colega, cada mensaje de apoyo que envié, cada conexión que hice pensando en alguien más, volvió multiplicado. No siempre inmediatamente, no siempre de donde lo esperaba, pero volvió.
Las investigaciones lo confirman: las mujeres con redes de apoyo sólidas reportan 43% más satisfacción laboral y 37% menos burnout (McKinsey & Company, 2022).
Y no es magia, es simplemente que no estamos navegando solas.
Un recordatorio importante para mujeres que quieren crecer sin sentirse falsas
No vinimos a copiar los códigos viejos del poder. No necesitas volverte acartonada, hiperestratégica ni pseudo corporativa para construir relaciones profesionales valiosas.
De hecho, muchas veces las redes más potentes nacen de cosas bien simples:
una conversación honesta, un comentario inteligente, una recomendación generosa, un mensaje a tiempo, una presentación entre dos personas, un “vi esto y pensé en ti”.
Y esto no es menor. En el reporte Women in the Workplace 2022, encontraron que las mujeres lideresas están sobrecargadas y subreconocidas: 43% reportó burnout frente a 31% de hombres en su mismo nivel, mientras además asumen más trabajo de apoyo al bienestar y la inclusión sin el mismo reconocimiento formal. Tener red, entonces, no es lujo social; es parte de la supervivencia profesional (LeanIn.Org & McKinsey & Company, 2022).
Tu plan de acción para los próximos 30 días
Semana 1: Haz tu mapa de red. Sé honesta, no importa si solo tienes 3 nombres en total.
Semana 2: Identifica a 3 personas con quienes quieres fortalecer el vínculo y contáctalas con mensajes genuinos.
Semana 3: Únete o crea un espacio de encuentro con pares (grupo de Telegram, café mensual, lo que funcione para ti).
Semana 4: Haz algo por alguien más sin esperar nada a cambio. Comparte una oportunidad, haz una conexión, recomienda a alguien.
Y esto es lo que quiero que se te quede grabado
Tu red profesional no es un activo que posees, es una comunidad que cultivas. Y la diferencia entre networking falso y relaciones genuinas es simple: en uno coleccionas contactos, en el otro construyes alianzas.
Así que la próxima vez que alguien te diga «tienes que hacer networking», respira profundo y recuerda: no tienes que hacer nada que no se sienta auténtico. Lo que SÍ necesitas es encontrar a tu gente, cuidarla, y dejar que te cuiden de vuelta.
Porque entre todas, llegamos más lejos. Y esa no es una frase motivacional de pared, es un dato científico.
Referencias:
Brands, R., & Mehra, A. (2019). Gender, brokerage, and performance: A construal approach. Harvard Business Review, 97(2), 156-163.
Casciaro, T., Gino, F., & Kouchaki, M. (2014). The contaminating effects of building instrumental ties: How networking can make us feel dirty. Administrative Science Quarterly, 59(4), 705–735.
Economic Commission for Latin America and the Caribbean. (2024, May 16). Investing in gender equality in Latin America and the Caribbean for a better world [Briefing note].
LinkedIn. (2021). Global Talent Trends Report. LinkedIn Corporation.
LinkedIn Corporate Communications. (2017, June 22). Eighty-percent of professionals consider networking important to career success.
McKinsey & Company. (2022). Women in the Workplace 2022.
ONU Mujeres. (2020). El progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe 2020. Organización de las Naciones Unidas.
Park, Y. J., Bailey, E. R., & Kuwabara, K. (2024). Why does it feel so fake? Overcoming authenticity challenges in professional networking. Social and Personality Psychology Compass, 18(12), Article e70027.
Yang, Y., Chawla, N. V., & Uzzi, B. (2019). A network’s gender composition and communication pattern predict women’s leadership success. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(6), 2033–2038.

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