Imagen de wayhomestudio en Freepik
(o: «parecer productiva» vs. mover la aguja de verdad)
Hay veces que al terminar el día, solo para por mi cabeza este pensamiento:
«Estuve a mil, pero ¿qué hice realmente?»
Y sentía que hacía y hacía pero no veía que nada se moviera a mi favor. ¿Te ha pasado? Porque creo que en realidad nos pasa a muchas de nosotras y me costó trabajo entender que eso tiene un nombre y es Task Masking (o lo que yo llamo «maquillar la chamba»). Saca tu café, tu té, un tinto, un mezcal lo que te dé la gana y platiquemos de esto como las profesionales fregonas que somos.
La verdad incómoda: agenda llena ≠ impacto real
Te voy a confesar algo que aprendí a golpes en roles de liderazgo: la agenda llena no es evidencia de impacto. Ya lo veíamos en el material de la semana pasada. En realidad la agenda llena es evidencia de agenda llena. Y sí, a veces es inevitable. Pero otras veces (muchas) es task masking: hacer «cositas» que se ven como trabajo, pero que no cambian nada importante.
El Task Masking es cuando nos llenamos de tareas que nos hacen parecer productivas ante la mirada ajena (y ante nuestra propia culpa), pero que en realidad no aportan nada al objetivo grande.
Según Atlassian, el task masking describe ese comportamiento de performar ocupación sin estar avanzando en trabajo significativo: tecleas fuerte, respondes correos eternos, te encadenas a reuniones sin sentido, produces reportes que nadie lee… pero sientes que si paras, «se nota» (Atlassian, 2025).
Y ojo: no lo digo para regañarte. Lo digo porque es una trampa cultural, y porque si eres mujer en LATAM (hola, vivimos con «sé amable, sé útil, no incomodes») esa trampa te agarra del tobillo y no te suelta fácilmente.
La cultura del «estoy ocupadísima» es un monstruo con Wi-Fi (y datos que te van a enojar)
En este mundo corporativo que a veces parece diseñado para agotarnos, nos han vendido la idea de que «estar ocupada» es sinónimo de ser exitosa. ¡Mentira total! Muchas veces, ese activismo frenético no es más que una máscara.
Microsoft publicó en el 2025, unos hallazgos bien brutales sobre lo que llaman el «infinite workday» (el día de trabajo infinito):
- Las personas son interrumpidas cada dos minutos (¡275 veces al día!) por reuniones, correos o notificaciones.
- 48% dice que su trabajo se siente caótico y fragmentado.
- Y una buena parte de las reuniones caen justo en horas pico de productividad.
Con ese contexto, no sorprende que muchas terminemos «trabajando para que se vea que trabajamos». Porque cuando todo es urgente y todo es visible… la visibilidad se vuelve moneda.
Y encima, las reuniones carísimas. Hay un reporte de Otter.ai (con investigación junto a Steven Rogelberg) que estima que, en promedio, las organizaciones invierten ~$80,000 USD por persona al año en tiempo de reuniones, y que reducir la asistencia «innecesaria» podría ahorrar ~$25,000 USD por persona al año (Otter.ai & Rogelberg, 2022).
Y no me queda claro que ese sea un ejercicio que hayan hecho alguna vez. Recuerdo que hace tiempo, en estas reuniones de mucha gente, que duran mucho tiempo y en las que rara vez se llega a una conclusión, le pregunté a mi jefa si estaba conciente de cuanto nos estaba costando esa reunión, es decir, ese tiempo que estábamos usando para “discutir” algo que no necesariamente se iba a resolver nos costaba dinero, y ese dinero era la suma de las horas de cada persona en esa sala… y efectivamente, eso fue algo que nunca se había cuestionado.
Y la neta es que así es, hay muchísimo «trabajo» que es puro humo… y cuesta en dinero, foco y salud mental.
Por qué esto nos pega doble a muchas mujeres (y no, no es coincidencia)
La ciencia nos dice que las mujeres en posiciones de liderazgo o que buscan crecer, solemos cargar con más «tareas no promocionables». Según una investigación de Babcock y su grupo de trabajo del 2017, las mujeres aceptan realizar tareas administrativas o de apoyo (esos «favorcitos» de oficina) un 44% más que los hombres.
Nosotras organizamos el cumple, revisamos el formato del reporte ajeno y contestamos los correos de «gracias» en segundos. Eso es maquillaje del caro que nos quita tiempo para brillar de verdad.
En muchas organizaciones, a las mujeres se nos asigna (o se espera que tomemos) más trabajo de «mantenimiento»: organizar, apoyar, tomar notas, «estar al pendiente», contener crisis emocionales del equipo, etc. Trabajo necesario, sí… pero poco promovible.
Y si a eso le sumas que, según el reporte Women in the Workplace del 2025, tener patrocinio (sponsorship) casi duplica la probabilidad de promoción (65% con sponsor vs 35% sin sponsor en dos años), entonces el costo de estar en tareas «maquillaje» se vuelve altísimo porque te quita tiempo para hacer las actividades de aquello que sí te posiciona (LeanIn.Org & McKinsey & Company, 2025).
En este espacio no usamos el «todos somos responsables» si eso borra el esfuerzo de las mujeres. Aquí hablamos de nuestra capacidad de decidir. Para crecer, hay que tener perspectiva de género: reconocer que muchas veces nos auto-exigimos tareas de «cuidado» en la oficina que a los hombres ni les pasan por la cabeza.
Tareas «Maquillaje» vs. Tareas de Impacto: aprende a distinguirlas
Para dejar de ser «la que siempre está ocupada» y convertirte en «la que da resultados de impacto», hay que aprender a podar. Aquí te enseño cómo clasificar tus pendientes:
1. Tareas Maquillaje (La Trampa):
- Reuniones de «alineación» que pudieron ser un mensaje de Slack.
- Re-formatear una presentación que ya está clara porque «el azul no es tan azul».
- Leer hilos infinitos de correos en los que estás en copia por puro compromiso.
- Responder correos con Biblia incluida.
- Reporte de 20 diapositivas para «tenerlo documentado».
- «Me encargo yo» de la tarea invisible (la que nadie quiere).
Todas estas tareas maquillaje te dejan exhausta, pero no te consiguen ese ascenso ni cierran el proyecto.
2. Tareas de Impacto (El Oro):
- Diseñar la estrategia del próximo trimestre.
- Tener esa conversación difícil de negociación con un cliente.
- Mentorear a otra colega para fortalecer el equipo.
- Escribir la recomendación que destraba el proyecto.
- Pedir feedback directo de quien decide y ajustar solo lo necesario.
Estas son las tareas que se ven en los KPIs, las que te dan visibilidad y las que transforman tu entorno.
El detector de tareas «maquillaje»: 3 filtros (Impacto–Urgencia–Sentido)
Para podar tu lista usa este mini-framework. A cada pendiente le pasas tres preguntas:
1) Impacto
- ¿Qué cambia si esto se hace bien?
- ¿Desbloquea una decisión, mejora un indicador, reduce un riesgo, acelera un entregable clave?
- Si nadie lo nota… ¿igual valió la pena? (ojo: a veces sí, pero que sea consciente)
2) Urgencia real
- ¿Tiene fecha límite externa o solo ansiedad interna?
- ¿Qué pasa si se mueve 48 horas?
- ¿Quién sufre la consecuencia: tú, el ego del equipo, o el proyecto?
3) Sentido (alineación)
- ¿Esto está alineado con tus objetivos/OKRs/KPIs o con lo que te van a evaluar?
- ¿Es parte de tu rol… o son tareas domésticas de oficina disfrazadas?
- ¿Te acerca a la conversación donde se decide, o solo te deja «sirviendo la mesa»?
Los 4 tipos de tareas (y qué hacer con cada una)
- Alto impacto + alta urgencia → Hazla (pero con foco, sin perfeccionismo cosplay).
- Alto impacto + baja urgencia → Bloquéala en agenda (deep work) antes de que se vuelva incendio.
- Bajo impacto + alta urgencia → Delegar / automatizar / simplificar (plantillas, IA, checklists).
- Bajo impacto + baja urgencia → Podar sin piedad ✂️ (eliminar, diferir o decir «no»).
Ejemplos de «task masking»
1: Correos infinitos
Maquillaje: responder correos con Biblia incluida.
Impacto: responde con 5 líneas + propuesta de decisión + siguiente paso («¿confirmas A o B hoy?»).
2: Reuniones sin rumbo
Maquillaje: reunión de «ponernos al día».
Impacto: update asíncrono (5 bullets) + reunión de 15 min solo si hay decisión. (Tip de liderazgo: si no hay decisión, no es reunión; es conversación.)
3: Reportes interminables
Maquillaje: reporte de 20 diapositivas para «tenerlo documentado».
Impacto: 1-pager: problema → opciones → recomendación → riesgos → decisión requerida.
4: La tarea invisible
Maquillaje: «me encargo yo» de la tarea invisible (la que nadie quiere).
Impacto: negociar alcance y reconocimiento: «lo hago si entra en mis objetivos / si se redistribuye X»
«Pero si digo que no, ¿me van a ver mal?»
Puedes decir «no» sin sonar ruda. La clave es prioridades + alternativas:
- Prioridad:
«Puedo hacerlo, pero esta semana estoy con [entregable de impacto]. ¿Qué prefieres que baje de prioridad para tomar esto?»
- Reunión sin agenda:
«Para aprovechar el tiempo: ¿cuál es la decisión o resultado de esta reunión? Si no hay uno, ¿lo resolvemos por mensaje con 3 bullets?»
- Tarea no promovible:
«Con gusto apoyo si esto cuenta dentro de mis objetivos/evaluación. Si no, ¿a quién le corresponde como dueña o dueño del proceso?»
(No es grosería. Es gestión de capacidad. Y eso también es liderazgo.)
Tu micro-reto semanal: «1 poda + 1 intercambio» (y te lo juro: funciona)
Cada semana, elige:
- Una tarea maquillaje para podar (bajo impacto).
- Una acción de impacto para sustituirla (alto impacto).
Ejemplos de swaps semanales:
- «Dejo de ir a la reunión #3» → «Uso ese bloque para escribir la recomendación que destraba el proyecto».
- «Dejo de pulir el deck por quinta vez» → «Pido feedback directo de quien decide y ajusto solo lo necesario».
- «Dejo de contestar todo en el momento» → «Respondo en dos ventanas al día y recupero foco».
¿Te da miedo? ¡Claro!
Pero recuerda que la perfección es la enemiga de la ejecución. Como bien señalan las estadísticas, las empresas con mayor diversidad de género en sus liderazgos tienen un 21% más de probabilidades de tener una rentabilidad superior (Hunt et al., 2018). Pero para llegar ahí, necesitamos que tú estés enfocada en lo que importa, no en los bordes de la tabla de Excel.
Visibilidad inteligente: que tu impacto se vea sin que tengas que «actuar»
Si el sistema premia visibilidad, no te digo «ignóralo». Te digo: hackéalo con elegancia.
Haz una «bitácora de impacto» semanal (5 minutos):
- 3 resultados (qué cambió)
- 1 riesgo (qué podría descarrilarse)
- 1 siguiente decisión (qué necesitas de liderazgo)
Esto te da visibilidad basada en resultados, no en agotamiento.
¡A podar se ha dicho!
La lista de pendientes nunca se acaba, pero tu energía sí.
No dejes que el «maquillaje» tape tu talento. Se vale decir «no», se vale priorizar y, sobre todo, se vale querer llegar alto sin morir en el intento.
Si hoy te sientes «ocupadísima» pero con cero satisfacción, no es que te falte disciplina: probablemente te sobra task masking impuesto por el sistema… y un poquito aprendido para sobrevivir.
La invitación de esta semana es simple: elige una tarea maquillaje y cámbiala por una acción de impacto.
¿Qué tarea vas a podar hoy mismo?
¿Por qué la vas a reemplazar?
Cuéntame en los comentarios, ¡me muero por leer cómo vas a empezar a brillar! 👇🏽
Referencias
Atlassian. (2025, 23 de junio). Performing productivity: task-masking could be a sign you’re measuring the wrong thing.
Babcock, L., Recalde, M. P., Vesterlund, L., & Weingart, L. (2017). Gender differences in accepting and receiving requests for tasks with low promotability. American Economic Review, 107(3), 714–747.
Hunt, V., Prince, S., Dixon-Fyle, S., & Yee, L. (2018). Delivering through diversity. McKinsey & Company.
LeanIn.Org & McKinsey & Company. (2025). Women in the Workplace 2025 [Reporte].
Microsoft. (2025, 17 de junio). New Microsoft study reveals the rise of the «Infinite Workday».
Otter.ai & Rogelberg, S. G. (2022). The Cost of Unnecessary Meeting Attendance [Reporte].

Deja un comentario