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¿Te ha pasado que te dices a ti misma: “si no lo hago perfecto, mejor ni lo intento”?
Esa vocecita interna es la culpable de que muchas terminemos agotadas, comparándonos con otras y creyendo que tenemos que demostrar el doble.
Si algo he aprendido de los puestos de liderazgo en los que me ha tocado estar o en donde me tocó entregar mucho, es que crecer en tu carrera profesional no tiene que significar quemarse en el intento. La autoexigencia es nuestra espada de doble filo: nos impulsa, pero a veces nos deja hechas un trapo, con la sensación de que nunca es suficiente. ¿Les suena?
Los datos lo confirman:
- Las mujeres somos tan eficientes como los hombres en liderazgo, e incluso más cuando se trata de equipos colaborativos y retención de talento.
- Un reporte de Harvard Business Review encontró que las lideresas mujeres puntúan más alto en 84 de 100 competencias de liderazgo evaluadas (sí, leíste bien).
- El problema no es capacidad, sino costo emocional y físico: la Women in the Workplace Survey 2023 (McKinsey & LeanIn) señala que más del 40% de las mujeres en cargos directivos reportan síntomas de burnout, frente a un 32% de los hombres en puestos similares.
O sea, sí rendimos, pero nos está costando la salud mental.
Entonces, ¿qué pasa?
Que confundimos nuestra mejor versión con la versión perfecta. Y la perfección es como ese crush que nunca contesta: te desgasta, te ilusiona en falso y jamás se concreta.
Lo que sí podemos hacer es avanzar con constancia, flexibilidad y cuidado propio. Porque crecer profesionalmente no debería significar vivir con ojeras permanentes y ansiedad de domingo por la noche.
La trampa de la «mejor versión» y la comparación odiosa
Somos una generación de mujeres talentosísimas, estrategas natas y expertas en gestión de proyectos (¡muchas veces malabareando la vida profesional, el hogar y los cuidados!).
El problema es que a menudo nos metemos en una carrera tonta de compararnos con las demás o con una versión idealizada e inalcanzable de nosotras mismas.
Queremos ser la jefa más brillante, la mamá más presente, la pareja más atenta, la que no le falla a nadie… ¡y todo al mismo tiempo!
Esa perfección no existe, ¡es un mito! Y lo que sí es real es que esa presión nos pasa factura.
Esto no es un juego, es una realidad que tiene que ver con la doble carga de trabajo (el pagado y el no remunerado en casa) y la autoexigencia de «poder con todo».
Tu eficiencia es TOP: ¡No lo dudes!
Que no se les olvide: somos unas fieras. Somos eficientes, somos rigurosas y tenemos una visión estratégica que ya se la quisieran muchas empresas.
De hecho, estudios de grandes consultoras demuestran que las empresas con mayor diversidad de género en puestos de liderazgo tienden a tener mejores resultados en desempeño. Y en cuanto a la calidad del trabajo, la percepción en varias industrias es que las mujeres somos valoradas por ser más confiables, y muchas veces se nos elige para ciertos puestos porque tenemos mayor resistencia a condiciones difíciles de trabajo (¡aunque esto último deberíamos cambiarlo, pero es una realidad!).
Así que, ¡alto ahí! No estamos agotadas porque seamos menos capaces. Estamos agotadas por tratar de encajar en un molde de perfección que no fue diseñado para nosotras.
¡Desactiva el modo «súper-mujer» y sal del Burnout!
La clave no es dejar de crecer, sino cambiar el chip. Tu mejor versión es la que avanza sin destruirse en el camino, la que reconoce sus límites. ¡No es perfecta, es suficiente!
Aquí les dejo unas herramientas, activadoras de poder anti-burnout, para que empiecen a aplicarlas hoy mismo:
1. Detecta la señal de alerta 🚨
El burnout es más que estar cansada. Pregúntate:
- Agotamiento emocional: ¿Sientes que ya no te queda energía, que cualquier tarea te drena o que reaccionas con más irritación de lo normal?
- Despersonalización/Cinismo: ¿Te da igual si un proyecto sale bien o mal? ¿Te has vuelto más cínica con el trabajo, tus colegas o tus clientas?
- Bajo rendimiento/Ineficacia: ¿Te cuesta concentrarte o terminar lo que empiezas, a pesar de que antes lo hacías sin problema? (Ojo, la sensación de ineficacia es lo que nos hace autoexigirnos más, ¡es un círculo vicioso!).
Si respondiste que sí a una o más, ¡es momento de frenar!
No siempre es un “colapso total”. Muchas veces empieza con pequeñas señales que normalizamos:
- “Estoy agotada, pero si descanso voy a atrasarme más”.
- “Lo termino yo porque si lo delego no va a quedar tan bien”.
- “Solo contesto este mensaje rápido aunque ya sean las 11pm”.
- “Me voy a sentir culpable si digo que no puedo”.
¿Te suenan familiares? A mí sí. Y lo peligroso es que se convierten en hábitos.
Cuando te das cuenta, llevas meses funcionando en modo automático, con el tanque vacío y creyendo que “así toca”.
Pero no: no toca.
2. Pide ayuda sin culpa (¡es estratégico!)
El liderazgo no es hacer todo sola, es saber delegar. Si estás en una posición de poder, delega. Si no lo estás, pide apoyo, ya sea en el trabajo o en casa. Quítate esa mochila ridícula de pensar que pedir ayuda te hace menos valiosa. ¡Es una habilidad de gestión!
3. La regla del 80/20: Menos es más
En lugar de gastar el 100% de tu energía en obtener un 100% perfecto, enfoca tu esfuerzo en lo que te dará el 80% del resultado. La perfección es una ladrona de tiempo y paz mental. Pregúntate: ¿Esta tarea realmente necesita estar impecable o con que esté excelente y a tiempo es suficiente? En mi experiencia, casi siempre es la segunda opción.
4. Recarga la batería: El tiempo para ti NO es negociable
Así como pones reuniones en el calendario con clientas importantes, ¡ponte citas contigo misma! Y no me refiero a trabajar en pijama, sino a desconectar de verdad. Medita, lee, sal a caminar, tómate un café sola, báilate una canción con el volumen a tope. Este tiempo es tu inversión estratégica para no fundirte.
Herramientas para identificar y frenar el burnout antes de que te consuma
Aquí no se trata de resignarnos, sino de aprender a poner límites y redefinir qué significa dar nuestra “mejor versión”.
- Checa tus niveles de energía cada día
Hazte tres preguntas simples:
- ¿Qué tan cansada me siento del 1 al 10?
- ¿Qué actividad me drenó más energía?
- ¿Qué me recargó hoy?
Si la balanza lleva varios días más en negativo que en positivo, es hora de ajustar.
- Diferencia entre “importante” y “urgente”
La Matriz de Eisenhower puede salvarte la vida:
- Urgente e importante → hazlo ya.
Importante, no urgente → agenda. - Urgente, no importante → delega.
- Ni urgente ni importante → elimínalo.
Créeme: muchas cosas que parecen fuego se apagan solas si no les echamos gasolina.
- Desapréndete del perfeccionismo
Haz una lista de tareas pendientes y márcales un nivel de calidad:
- A (debe ser excelente, ejemplo: propuesta estratégica).
- B (bueno es suficiente, ejemplo: minuta de reunión).
- C (con que esté hecho basta, ejemplo: actualizar calendario).
No todo necesita tu 110%.
- Rodéate de tu tribu 👭
Hablar con otras mujeres que atraviesan lo mismo es medicina pura. Te das cuenta de que no estás fallando, sino que estás sobreviviendo en un sistema que todavía nos exige más de la cuenta. Y juntas, encontramos salidas más humanas.
Redefiniendo “tu mejor versión”
Tu mejor versión no es la que nunca se equivoca.
Es la que aprende de los tropiezos, la que sabe cuándo parar, la que pide ayuda sin sentir que pierde valor, y la que celebra los avances pequeños con la misma emoción que los grandes logros.
Porque al final del día, la perfección no paga facturas ni mantiene tu salud. Lo que sí lo hace es tu constancia, tu creatividad y tu capacidad de disfrutar el camino.
Nuestra carrera no es un sprint de 100 metros, sino una maratón que apenas empieza. Para llegar lejos y disfrutar el camino, necesitamos cambiar el «tengo que ser perfecta» por «soy suficiente y me cuido». ¡Ese es el verdadero liderazgo!
¿Qué prefieres: agotarte compitiendo o avanzar disfrutando?
Cuéntame en los comentarios 👇 ¿qué estrategia te ha servido para ponerle un alto al burnout y seguir creciendo sin perderte en el intento?

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