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“Es que yo no nací para eso.”
“Ya se me fue el tren.”
“A esta edad, ¿quién empieza de cero?”
Si te escuchaste diciendo cualquiera de estas frases… quédate porque este chisme es contigo.
Yo también fui esa mujer que dudó, que pensó que “ya no”, que creyó que para ciertas cosas “ya se me había pasado el tiempo”. Y no, no era cierto.
Lo que me faltaba no era capacidad… era una mentalidad de crecimiento.
🧠 ¿Y qué es eso?
La mentalidad de crecimiento es la creencia (sí, creencia, como en fe pero con evidencia) de que podemos desarrollar nuestras habilidades a través del esfuerzo, la estrategia y la práctica.
No se trata de «échale ganas» barato. Se trata de entender que el talento no lo es todo, y que podemos aprender, mejorar y avanzar.
La contraparte es la mentalidad fija. Esa que te dice:
“Si no lo sabes, mejor ni lo intentes.”
“Si no se te da natural, es que no es lo tuyo.”
“Si te equivocas, vas a quedar en ridículo.”
Y esa mentalidad es la que nos está robando oportunidades.
¿Qué nos detiene?
- El miedo al error
Nos educaron para sacar 10, no para aprender. Entonces preferimos no intentarlo antes que equivocarnos frente a otras personas.
- La comparación constante
“¿Cómo voy a lanzar mi proyecto si ya hay mil iguales y ella lo hace mejor?”
La realidad es que siempre habrá alguien más joven, más lista o con más seguidores… ¿y eso qué?
- El síndrome de la impostora
Esa vocecita que te dice que no sabes lo suficiente, que solo has tenido suerte, que se van a dar cuenta de que “no eres tan buena”.
- El perfeccionismo paralizante
Creemos que si no va a salir perfecto, mejor ni lo hago. Y ahí vamos, dejando ideas increíbles guardadas en el cajón de los “algún día”.
¿Y cómo se cultiva esta mentada mentalidad?
Como todo lo que vale la pena: con práctica.
Así que aquí te van unos tips sin filtro que me han ayudado a adoptar esta mentalidad de crecimiento.
1. Empieza diciendo: “Todavía no”
No sé usar Excel… todavía.
No sé hablar en público… todavía.
No tengo idea de cómo emprender… todavía.
Ese todavía abre una puerta. Y cuando se abre una puerta, entra la luz (y el aire, y las oportunidades).
2. Aprende por el gusto de aprender
No todo lo que estudies tiene que ser para sacar un diploma o para subir de puesto. Aprender algo nuevo sin la presión de ser experta ya, te entrena para salir del perfeccionismo y disfrutar el proceso.
3. Rodéate de personas que también están creciendo
Nada más desmotivante que contarle tu nueva idea a alguien que te conteste: “¿Y tú qué vas a andar haciendo eso?”
Busca tu tribu. Esa que te dice: ¡vas con todo! aunque no entienda todavía cómo vas a lograrlo.
4. Lleva un diario de logros incómodos
Apunta cada cosa que hiciste fuera de tu zona de confort: hablar en una junta, pedir retro, grabar un video.
Cada una es una prueba de que sí puedes, aunque te suden las manos.
5. Celebra más el intento que el resultado
Sí, los resultados importan. Pero si solo te celebras cuando te aplauden, vas a dejar de moverte.
Date porras por el camino, no solo por la llegada.
Y cuando la voz de la impostora regrese…
Hazle un cafecito, siéntala un ratito y dile:
Gracias por querer protegerme, pero hoy no necesito protección. Necesito valor.
Y le das next.
Porque sí se puede.
Cultivar una mentalidad de crecimiento es como cuidar una planta: hay que regarla, ponerla al sol, moverla si no florece donde está, y tenerle paciencia.
Y tú ya tienes todo para florecer. Solo falta que te la creas. 🌻
¿Y tú?
¿Qué te está costando trabajo aprender?
¿Qué vas a intentar aunque no te salga perfecto?
Te leo.

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