Imagen de stockking en Freepik
¿Te ha pasado que tienes una lista de pendientes tan larga que solo verla te da ganas de ver memes, trapear el baño o reordenar tus apps por colores?
Esa criatura se llama procrastinación, y aunque a veces se disfraza de «necesito inspiración» o «estoy esperando el momento perfecto», la verdad es que puede costarnos carísimo si no la enfrentamos.
Yo también he estado ahí: aplazando tareas importantes, evitando decisiones y acumulando pendientes como si dieran puntos por ello. Pero con el tiempo (y varias crisis existenciales), he aprendido un par de trucos para enfrentarla. Hoy te los comparto, porque sé que tú también puedes con esto.
Primero, lo malo: ¿Qué pasa cuando procrastinamos?
- Perdemos oportunidades valiosas (¡esa beca, ese curso, ese ascenso!)
- Generamos estrés innecesario y culpa acumulada
- Nuestra autoestima profesional se ve afectada
- Nos desconectamos de nuestros propios objetivos
Y no, no eres floja ni «desorganizada por naturaleza». Muchas veces es miedo al fracaso, perfeccionismo, falta de claridad o agotamiento mental. Así que, antes de darte con la chancla emocional, respira hondo y sigue leyendo.
¿Qué podemos hacer para dejar de procrastinar?
ACCIONES A CORTO PLAZO (pa’ cuando estamos en el hoyo):
- La regla de los 2 minutos
Si una tarea te toma menos de 2 minutos, hazla en ese instante. Responder ese mail, agendar esa cita, mandar ese mensaje. ¡Zas! Como banda que toca en boda: rápido y con ritmo. - Cambia de entorno
A veces, solo con movernos de lugar cambia la energía. Si puedes, trabaja en otro espacio, pon música distinta, o simplemente levántate y estírate 5 minutos. - Hazle caso a tu energía
Hay días en que andamos a media pila. En vez de forzarte a «hacer TODO», elige solo una cosa mínima. Una sola. Y celébrala. Todo suma.
ACCIONES A MEDIANO PLAZO (pa’ cuando ya identificamos que esto es un patrón):
- Hazte amiga de tu calendario, no de tu lista infinita
Las listas son útiles, sí, pero si no les pones fecha, se convierten en el cajón de los calcetines sin par. Usa tu calendario como tu mejor aliada. Agenda bloques reales con descansos incluidos. - Desglosa tus metas grandes en mini-misiones
«Escribir mi tesis» es abrumador. «Escribir 300 palabras hoy» se ve mucho más amable. Piensa en tareas chiquitas, como si estuvieras armando LEGO. - Aprende a decir que NO (incluso a ti misma)
No a los “solo me meto 5 minutos a TikTok” que se vuelven dos horas. No a ese webinar que suena interesante pero que no necesitas ahorita. Practicar límites también es productividad.
ACCIONES A LARGO PLAZO (pa’ cambiar el chip de raíz):
- Cuestiónate tus creencias
¿De dónde viene la idea de que todo tiene que estar perfecto? ¿O que si no me dan ganas, no vale la pena hacerlo? Detectar esas creencias nos ayuda a desactivarlas. - Construye rutinas realistas y sostenibles
No necesitas levantarte a las 5am a meditar (a menos que quieras). Pero sí necesitas saber qué rituales te hacen bien. Un café, una lista breve de prioridades y cinco minutos contigo pueden cambiar el tono del día. - Rodéate de comunidad
Comparte tus metas con alguien de confianza. Díselo a tu amiga, tu terapeuta, tu comunidad. A veces, solo el hecho de que alguien sepa que lo vas a hacer… te ayuda a hacerlo.
Procrastinar no te hace menos profesional, ni menos valiosa. Te hace humana. Pero sí hay formas de dejar de postergar lo importante. Y tú puedes empezar hoy, aunque sea con algo pequeñito.
👉🏽 Y si hoy solo alcanzaste a leer hasta aquí: ya hiciste algo.
Ahora cuéntame: ¿cuál de estas herramientas vas a probar primero? ¿Tienes alguna técnica matadora contra la procrastinación? ¡Te leo!

Deja un comentario